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domingo, 6 de septiembre de 2015

Fiesta de Quintos en Aguarón


La fiesta de Quintos en Aguarón se celebra el día tres de febrero, festividad de San Blas.
El origen de esta fiesta tiene su origen en la celebración del sorteo para ir a la mili. Los quintos se colocaban en el balcón del ayuntamiento, el secretario leía a viva voz la papeleta con el nombre del quinto y el número que le había tocado. El quinto que sacaba el número más alto, se libraba del servicio militar, y los que sacaban los números más bajos eran destinados fuera de la península: Africa, Cuba, etc.
Mientras se realizaba el sorteo, las familias y las novias de los quintos aguantaban el frío en la plaza esperando la suerte de su quinto.
Al quinto que se libraba, se le ataba en la plaza del Santo, se le dejaba sin comer y se le hacía alguna jugarreta.
Antiguamente era un día festivo grande, y los vecinos estrenaban traje de baturro o se ponían el que habían vestido sus antepasados; con el cachirulo en la cabeza y la vara de madera recta, pulida y con abrazadera de cuero o piel.
Con el paso del tiempo el atuendo fue cambiando, y el traje de baturro fue dejando paso al traje bueno, o traje nuevo que únicamente se llevaba para las grandes celebraciones, y el cachirulo en la cabeza al pañuelo en el cuello y a la boina y sombrero de fieltro en la cabeza, y unas buenas alpargatas.
Aparejaban una burra con albarda, un serón de esparto y los arreos eran brillantes. El que llevaba la burra por el ramal para sujetarla, iba trajeado como los quintos. El serón servía para meter en él los alimentos, pollos, conejos, embutidos, tortas, fruta, etc., y el vino que les daban en cada casa del pueblo. Con todo esto, las madres de los quintos hacían la comida para todos ellos.
La fiesta comienza con una misa en honor a San Blas y la bendición de los rollos. A la salida de misa, se empiezan a cantar las coplas alusivas, primero al Ayuntamiento, luego en la casa de cada quinto, a las madres y a las novias de estos, quienes endulzan a los presentes con pastas y moscatel, y finalmente en las tiendas y establecimientos de la localidad. Cada sitio con su copla particular.
En la década de 1950 se empieza a cantar a las quintas, posteriormente se les invitó a tomar café, y en 1965 se les invitó a comer. A los dos o tres años, como había pocos quintos, se unieron quintas y quintos, para formar un grupo más numeroso.
Hoy en día todavía se conserva la tradición del sombrero, y los quintos lucen bonitos pañuelos al cuello y van con su vara vestida con cintas de colores muy vistosas. También adornan a la burra como antiguamente, aunque el serón de esparto lo llevan por conservar la tradición, actualmente ya no se regalan alimentos sino dinero. En el centro y a lo alto de la albarda, en un panel, ponen un roscón grande que dice: Viva la Quinta del Año.
Las pastas y el moscatel que sacaban en las casas de los quintos, han dejado paso a las tapas, jamón, croquetas, tortilla de patata, vino, cerveza y refrescos, para deleitar a todos los presentes.

Una vez terminada la ronda por las casas de los quintos, los bares y las tiendas, todos los quintos y sus familiares van juntos a comer al pabellón.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Rosario de Cristal en Tauste





El Rosario de Cristal de Tauste nace en 1918, a iniciativa de Miguel Chacorrén, por entonces capellán de Nuestra Señora de Sancho Abarca, que se lo propuso a la confraternidad de esclavos de Nuestra Señora de Sancho Abarca, acordando costear los gastos con fondos de la esclavitud.
En la actualidad el Rosario de Cristal taustano cuenta con más de 300 piezas de vidriera policromada que datan en su mayoría de principios del siglo XX, que en los últimos años se han ido restaurando gracias al trabajo del maestro artesano del pueblo, Rogelio Gajate.
Todos los faroles tienen inscritos los nombres de aquellas personas que los donaron, incluso aquellos que han pasado a otras manos. Se trata de faroles de distintos tamaños y formas que simbolizan las oraciones del rosario y se rezan a modo de procesión.

El Rosario de Cristal tiene lugar a las nueve de la noche del día 22 de abril, dentro de las fiestas patronales en honor a la Virgen de Sancho Abarca, cuándo 300 faroles pequeños y los cuatro grandes de cada uno de los cuatro misterios del rosario, recorren las principales calles de Tauste.

El Cipotegato en Tarazona





El Cipotegato en Tarazona, es el personaje que vestido con indumentaria parecida a la del arlequín de la baraja, inicia las fiestas de la ciudad con el acto que lleva su nombre. El día 27 de Agosto de cada año, a las 12:00 horas de la mañana, durante las campanadas del reloj, tiene lugar la salida del Cipotegato desde el Ayuntamiento de la ciudad, señalando el comienzo de las fiestas, que conmemoran el traslado de la reliquia de San Atilano a Tarazona.
El momento de la salida del Cipotegato es esperado por miles de personas concentradas en la Plaza de España gritando ¡¡cipote!! , ¡¡ cipote!!, para lanzar sobre el protagonista miles de kilos de tomates, que no todos dan en el blanco, resultando un intercambio de tomatazos entre los presentes a la fiesta, jóvenes en su mayoría.
Bajo la intensa lluvia roja de tomates, el Cipotegato, ayudado por los miembros de su cuadrilla y los veteranos de las peñas de la ciudad, trata de abrirse paso entre la multitud, para realizar una carrera por la ciudad, cuyo itinerario es secreto y se deja a la elección de la persona que encarna al cipotegato.
A su vuelta a la Plaza de España, es izado hasta la base del monumento a la figura del Cipotegato, desde donde saluda a la multitud que le vitorea profusamente, y desde allí es llevado a hombros e introducido nuevamente en el interior del Ayuntamiento. Han comenzado las fiestas.
Su traje, chaqueta y pantalón, es acolchado con anchas bandas de telas de color rojo, verde y amarillo, cruzadas por cintas estrechas de los mismos colores, que realizan un dibujo de rombos sobre todo el conjunto. El tocado, también tricolor como el traje, le cubre la cabeza completamente y el rostro a modo de máscara, terminando por detrás con una especie de coleta, y ajustándose bajo la barbilla con unas cintas. Porta una corta vara de madera adornada con cintas tricolores, de la que pende una pelota de goma, antiguamente hecha con tripa o vejiga de gato rellena.
Al finalizar el Cipotegato, la peñas de la ciudad desfilan con sus charangas por las calles de la ciudad. Alentados por los seguidores de la charanga, los vecinos les arrojan agua desde los balcones. La charanga termina en la plaza de toros vieja, donde espera un gratificante baño de espuma.
El Cipotegato, además, precede a la corporación municipal en el desfile de la Ofrenda de Flores y Frutos a la Virgen del Río, en la tarde del día 27 de agosto, y en la Procesión de la Reliquia de San Atilano que se celebra tras la Misa Solemne, el día 28 de agosto. Su papel en ambos actos es puramente ceremonial, complementando el protocolo que acompaña a la presencia del Consistorio.
El Cipotegato de Tarazona se puede considerar como una pervivencia de los festejos que, organizados y reglamentados por las autoridades eclesiásticas de los siglos XVI al XVIII, arrancan de antiguas tradiciones populares de la Edad Media.

La resolución de 25 de mayo de 2009, de la Secretaría de Estado de Turismo, concede el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional a El Cipotegato, de Tarazona.